El control, ¿es bueno o malo?

Vivimos en un mundo en constante cambio, en el que es imposible tener control absoluto, sobre todos los hechos que nos rodean, a menudo se cae en la tentación de querer controlar todo lo que ocurre a nuestro alrededor, porque el aparente control nos da seguridad.

Pero esa aparente necesidad de seguridad, no deja de ser más que una manifestación de nuestras inseguridades interiores.

Muchas de las cosas imprevistas que nos ocurren en la vida, aquellas que se escapan a nuestro dominio, no son necesariamente malas, sobre todo si somos adaptables a los cambios, que hoy en día, en la vida moderna que llevamos son muy comunes.

Estructuras mentales

Cuando somos más adaptables y flexibles, con el tiempo llegamos a comprender que muchas de esas cosas que no teníamos planeadas, acaban siendo muy beneficiosas, y positivas en nuestras vidas.

El tiempo pasa tan deprisa que no nos damos cuenta, las nuevas tecnologías avanzan cada día más, en nuestra época, hay que ser muy adaptables, si pretendemos ceñirnos siempre a nuestros planes y esquemas mentales, y no somos flexibles, lo más probable es que acabemos entrando en crisis, porque muchas veces, las cosas no salen como nosotros habíamos planeado.

Intentar encapsularlo todo, y no dejar lugar para imprevistos, es un sin sentido, porque no existen nada que nos haga sentir más vivos, que poder disfrutar de todo aquello que nos ofrece la vida, aunque sea inesperado, si nos limitamos a medirlo, pesarlo, y calcularlo todo, estamos abocados a una vida insulsa, y mediocre.

¿Es necesario tanto control?

Intentar ejercer control sobre nuestros sentimientos y emociones, sobre los que nos rodean, sobre el tiempo de que disponemos, sobre nosotros mismos, en un mundo en constante cambio, nos da cierta tranquilidad.

El control aporta seguridad, pero muchas veces, lo que denota esa ansia de control, es una gran inseguridad interna, que en realidad, revela más nuestra debilidad interior,  que fortaleza.

Los maestros espirituales, los maestros de yoga, siempre han enseñado lo importante que es saber fluir, dejarse llevar, cuando es necesario.

Sé como el agua, amigo mío

El famoso actor y artista marcial Bruce Lee,  hacia servir una frase que era la siguiente:

“Be water, my friend”. Sé cómo el agua, amigo mío.

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En esta frase, Bruce Lee hace mención al principio Taoista conocido como Wu Wei, o acción que se produce de forma natural, sin ser forzada.

Cuando Bruce Lee, citaba esta frase, no se refería únicamente a las artes marciales, sino a todo acto que tiene lugar en la vida cotidiana, la adaptación a las nuevas situaciones, a lo imprevisto, a lo que no está planeado, son palabras a las que hacía referencia cuando decía: “Se como el agua, mi amigo”.

¿Pero qué ocurre cuando las cosas no salen como teníamos planeado?

Cuando estamos esperando un acontecimiento con ilusión, por ejemplo tenemos  una cita con una persona que nos gusta, y en el último momento, esa persona no avisa de que no va a poder acudir, normalmente, no nos lo tomamos bien, sino que nos enfadamos, pero hay que plantearse el porqué del enfado, porque en mi opinión, puede venir de que hayamos generado unas expectativas muy altas, y siempre que se espera algo con mucha  ilusión, y no sucede, acabamos sintiendo frustración y enfado.

También ocurre,  porque tenemos falta de control sobre la situación, no la dominamos, se escapa a nuestro control, sobre lo que debería de suceder. Lo que nos genera el enfado, el cabreo, es un deseo oculto de controlar, del cual a veces ni siquiera se es consciente.

La frustración está relacionada con algo inesperado que ocurre, que no podemos controlar, y sobretodo, que no esperábamos que sucediera, cuando esto se escapa a nuestro control, genera disgusto y enfado.

A veces ocurre con las expectativas que tenemos sobre alguien, por ejemplo, llega nuestro cumpleaños o santo, y esperamos que aquella persona se acuerde, o que nos regale algo, pero esto no ocurre, aquí aparece la frustración, porque esperábamos algo que no ocurre.

O sencillamente alguien no está de acuerdo con lo que pensamos nosotros, que nos creemos en la posesión absoluta de la verdad, el no poder controlar la situación, al esperar que los demás piensen como nosotros, y que no se cumpla, nos genera una situación que no controlamos, y eso nos disgusta.

Lo nos provoca la necesidad de controlar la situación

El deseo del control, es un tema sobre el que debemos reflexionar, porque a veces ese deseo, esa necesidad de mantener el control, surge de nuestra parte inconsciente, tenemos una idea de como han de ser las situaciones, o las personas, y cuando estas no se cumplen.

Cuando nuestras expectativas se van al traste, es cuando entramos en conflicto con nosotros mismos, normalmente el conflicto lo exteriorizamos con los demás, porque es una manera muy fácil de calmar nuestro enfado, lo normal es achacar la culpa a la persona, o a la situación, pero esto sucede porque pensamos como deber de ser la situación o la persona, y la tomamos como la única verdad existente.

Cuando nos aferramos a nuestras ideas, y estas son inflexibles o muy rígidas, lo que conseguimos es limitarnos, porque nuestra energía, nuestro esfuerzo está depositado en conseguir nuestro objetivo, y si este no se cumple, es cuando se produce el conflicto en nuestro interior.

Creer que conseguir nuestro objetivo, y que cuando esto suceda nos va a hacer sentir bien, que seremos felices, es decir construir en nuestro imaginario una serie de circunstancias que nos son favorables, es en cierta manera un engaño que nos hacemos a nosotr@s mismos.

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Entendimiento

Para conseguir avanzar, hay que intenta aceptar que no podemos controlarlo todo, es imposible, siempre habrá imprevistos y situaciones nuevas, o de cambio, hay que ser flexibles y adaptables interiormente.

Cuando se empieza a comprender, a aceptar que el control no es posible, es cuando entenderemos, que de cada cosa que nos sucede en la vida, y que se escapa a nuestro control, es una oportunidad de aprendizaje, una enseñanza para poder escapar de la rigidez que surge de nuestra mente, acerca de como han de ser la cosas, las situaciones o las personas.

A través de estas situaciones que no esperábamos, podemos desarrollar la aceptación, podemos ser más flexibles y tolerantes, y empezar a entender que nuestro bienestar y paz interior no dependen de las circunstancias externas.

En resumen

“Be water, my friend”. Sé cómo el agua, amig@ mí@.

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